Nero, la tienda donde todo es negro y nada es casualidad

Nero no nació como un plan de negocio, nació de una necesidad personal. Andrea Ferretti pasó años viviendo en distintos países buscando siempre lo mismo: ropa negra, simple, sin logos ni adornos.

Cuando un robo en Ibiza la dejó con lo puesto, esa búsqueda se volvió la evidencia de que el tipo de negro que ella necesitaba no estaba donde ella estaba. Lo que empezó como una urgencia personal terminó siendo una propuesta comercial donde encontró comunidad.

Aquí, la historia de cómo una obsesión por lo minimalista llegó a convertirse en tienda e identidad.

Nero no es gótico, es una necesidad práctica

Andrea aclara desde el inicio de la conversación que el negro que vende no responde a una estética gótica ni a un personaje teatral. Ella repite que no busca “lo gótico”, y que debe aclararlo porque a veces llegan personas con maquillaje extremo esperando otra cosa.

El proyecto es prendas sencillas, algodón, buen calce, sin logos ni elementos decorativos que “hablen” por la prenda. El negro que propone Nero no es para disfrazarse, es una base que facilita vestir.

«Desde hace muchos años, creo que desde los 10, 12, empecé a vestirme de negro. No tenía un sentido de bruja, nada de eso, sino que era como ‘no sé qué combina con qué’, y entonces negro con negro y listo. Ahí arranqué”.

La ropa que faltaba

El hilo que atraviesa la historia de Nero es viajero. Andrea vivió en México, España, Italia y Argentina. Fue así como las mudanzas le enseñaron lo práctico de saber dónde comprar la ropa que uno necesita y que cambia según el país.

Cuenta que, tras vivir en varios lugares y quedarse sin ropa cuando le robaron una mochila en Ibiza, se dio cuenta de que en muchas tiendas el negro existía como estilo recargado y con logos, pero no como la pieza simple que ella buscaba. 

“Me empecé a dar cuenta de que había un nicho que nadie estaba atendiendo. No es que seas roquero, ni gótico, sino que hay un nicho de ropa sencilla, de algodón, sin logos, y hay un montón de gente que necesita eso. Dije: ‘Uy, nadie lo está haciendo, qué loco’.»

Esa ausencia fue el origen de todo, necesitaba reponerse y no pudo encontrar lo que quería. Ahí nació la idea de ir seleccionando por su cuenta lo que sí funcionaba.

Del estudiar sociología a vender en la calle

Antes de fundar la tienda, Andrea estudió sociología y trabajó en investigación. Sin embargo, cuenta que se hartó de ciertos ambientes académicos que no la escuchaban. Esa frustración la alejó del plano teórico y la acercó a hacer, a buscar, a probar.

Aprendió a coser desde cero, pagó costureras, hizo colecciones propias, quebró dos veces, y terminó vendiendo en la calle. El primer formato fue ambulante, un perchero con ruedas, y la respuesta fue que la ropa negra, seleccionada y limpia, se vendía rápido. Lo que empezó como venta de emergencia probó ser un negocio real.

Encontrar fardos en Chile, suerte que se convirtió en oportunidad

Al volver a Chile descubrió la existencia de mercados de ropa reutilizada, fardos que en otros países no siempre están disponibles, y comprendió que aquí podía encontrar telas y prendas listas para darles una segunda vida.

Eso le permitió evitar los costos enormes de producir desde cero y, a la vez, mantener su criterio de elegir solo lo que encajaba con la idea de Nero. La gente empezó a reconocer la selección y a volver por esas prendas únicas que ella había elegido.

“Fue un golazo, porque encontré modelos que nunca se me hubiesen ocurrido, telas que nunca habría imaginado y prendas hermosas que estaban listas y a las que se les podía dar una segunda vida. Ahí arranqué yendo a buscar ropa, seleccionando según lo que a mí me gusta”.

Excelencia en la selección y en el cuidado

Andrea es rigurosa con la calidad, le causa rechazo vender ropa defectuosa. No acepta que se la pidan “más barata porque le falta un botón” y recalca que su proceso incluye seleccionar, lavar, planchar, sacar pelusas y dejar cada prenda impecable. 

Las piezas son escasas, rotan constantemente. Ese manejo del stock y del cuidado es parte del valor que ofrece Nero.

«Nero se caracteriza por la excelencia. Nunca vas a encontrar una prenda que le falte un botón, que esté rota o que tenga pelusa, porque yo estoy detrás de la perfección absoluta. Cuatro veces pasa la prenda por mí: la selecciono, la lavo, la plancho, le saco las pelusas, le pongo el precio y la dejo lista. Es imposible que se me pase algo.»

Patentar la idea de Nero

Andrea cuenta que registró la marca y el concepto con abogados porque sentía que era algo propio, “lo parí”. El objetivo no era pelear con pequeños emprendedores sino protegerse frente a grandes copias. También admite que ha recibido hate y críticas por su postura sobre las copias, pero mantiene que proteger la idea le parecía necesario después de todo el esfuerzo dedicado.

El problema de delegar

Una tensión constante es la delegación. Andrea reconoce que le cuesta dejar en manos de otras personas la selección porque esa tarea es, para ella, el corazón del proyecto. En un pasado encargó a vendedoras que compraran accesorios y recibió cosas con brillo que no encajaban. Probó encargar fardos en Miami y abortó la misión porque la ropa seleccionada no reflejaba su estética. Por eso insiste en que, aunque trabaja con vendedoras y proveedores, “lo que vendemos, la ropa, la selecciono yo 100%”.

Por eso hoy está en una encrucijada. Quiere vivir en otro país, pero le cuesta delegar para poder hacerlo. “Tengo una crisis existencial”, dice sobre la necesidad de cambiar de ritmo sin perder la esencia.

Nero resolvió una necesidad que nadie veía

Nero no es un proyecto pensado en escalas desde el inicio. Nació de problemas personales y de una observación práctica. Había un nicho, nadie lo atendía y la gente sí lo necesitaba. Hoy la tienda es una respuesta, un sitio donde la ropa negra no es gráfica ni símbolo, sino herramienta. Una solución para quien no quiere pelear con su clóset cada mañana.

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