Para Bárbara Ortiz, ilustrar moda nunca se ha tratado simplemente de dibujar una prenda. Su trabajo parte desde la observación: una silueta, una textura, un objeto, un gesto o incluso un pequeño detalle dentro de una fotografía pueden convertirse en el punto de partida para construir una nueva imagen.
El camino de Bárbara Ortiz hacia la ilustración de moda
Su acercamiento a la ilustración tampoco fue completamente lineal. Antes de convertirla en su profesión, estudió Relaciones Públicas y Diseño de Moda, dos áreas que terminaron confluyendo en una disciplina donde encontró la posibilidad de reunir comunicación, imagen, estética y construcción de identidad.
“Siempre estuve muy cerca de la comunicación, la imagen y la construcción de una identidad. Con el tiempo me di cuenta de que la ilustración era el lugar donde podía reunir todas esas cosas”, comenta.
Más que interesarse únicamente por la ropa, Bárbara observa todo lo que existe alrededor de una colección: la puesta en escena, los objetos, los materiales, los gestos y la historia que hay detrás de una propuesta. Desde ahí comenzó a experimentar con el dibujo, primero de manera intuitiva y sin pensar necesariamente que estaba construyendo una carrera.
Con el tiempo, esa experimentación se transformó en un lenguaje propio.


La ilustración como una forma de interpretar
Bárbara no recuerda una primera ilustración de moda como un momento puntual. Sus comienzos estuvieron marcados por la exploración: dibujos, materiales, fotografías y referencias que reinterpretaba sin una intención profesional demasiado definida.
Pero hubo algo que sí marcó ese proceso. El descubrir que podía tomar una imagen existente y transformarla completamente desde su propia mirada.
“Entendí que ilustrar no era solamente representar algo bonito, sino interpretar algo que a mí me movía”, explica.
Esa idea atraviesa gran parte de su trabajo actual. Cuando recibe una colección o una prenda para ilustrar, no busca necesariamente reproducirla de manera exacta. Para ella, la fotografía ya cumple esa función. Lo que le interesa es identificar qué sensación le produce aquello que está observando y llevarla al papel.
Puede ser algo sofisticado, extraño, teatral, silencioso, divertido o nostálgico. La ilustración se convierte entonces en una segunda interpretación de la prenda, una imagen que puede conservar elementos reconocibles del diseño original, pero que adquiere una personalidad independiente.
Inspirarse para construir un lenguaje propio
Sus referentes tampoco se limitan al mundo de la ilustración. Bárbara observa fotógrafos, diseñadores, editoriales, campañas antiguas, libros, arquitectura, objetos y archivos de moda.
Dentro de la ilustración, menciona a Manuel Santelices en Chile y Richard Haines en el extranjero. También encuentra inspiración en la manera en que casas como Dior, Balenciaga, Loewe o Maison Margiela construyen universos completos alrededor de sus colecciones.


Más que replicar una estética determinada, su intención es absorber distintas referencias y transformarlas hasta convertirlas en algo propio.
Esa búsqueda también se refleja en su proceso creativo. Una ilustración puede comenzar con una prenda, pero también con una textura, un color, una silla, un plato o un detalle que podría pasar completamente desapercibido.
«Últimamente me interesa mucho la idea de observar cosas que quizás pasan desapercibidas y convertirlas en protagonistas».
Cuando lo análogo y lo digital se encuentran
Su trabajo se mueve entre dos mundos que, lejos de ser opuestos, conviven constantemente.
Tinta, acuarela, gouache, lápices de colores y distintos tipos de papel forman parte de sus herramientas habituales. En sus piezas busca conservar las manchas, los trazos irregulares y aquellas pequeñas imperfecciones que evidencian que existe una persona detrás de la obra.
Al mismo tiempo, utiliza herramientas como el iPad y Procreate para bosquejar, componer y resolver determinadas etapas de manera más rápida.
Incluso puede comenzar una ilustración digitalmente, imprimirla y continuar trabajando sobre ella con tinta, acuarela o lápiz.
“Esa mezcla de lo análogo y digital me encanta y me representa al 100%”, expresa Bárbara.
Para Bárbara, la técnica está al servicio de lo que necesita cada proyecto. No se trata de elegir entre lo manual y lo digital, sino de entender qué puede aportar cada herramienta al resultado final.
¿Por qué las marcas apuestan por la ilustración?
El vínculo con las marcas es otra de las dimensiones que ha ido tomando fuerza dentro de su carrera.
“Una marca ya tiene fotografías, campañas, contenido audiovisual y muchas maneras de mostrar un producto. Cuando recurren a una ilustradora, generalmente quieren agregar una capa más autoral y emocional”.
Para Bárbara, una ilustración puede convertir un producto en algo más especial, coleccionable o cercano al arte.


Pero para que una colaboración funcione, también es importante encontrar un equilibrio. Primero busca comprender el universo que quiere construir la marca, el producto que desea destacar y el objetivo de la colaboración. Después aparece el desafío de cruzar esa identidad con su propio lenguaje.
No se trata de reproducir exactamente lo que la marca ya hace.
“Creo que las mejores colaboraciones aparecen cuando ambas identidades se reconocen en el resultado”.
Esa libertad es algo que valora especialmente en su relación con las marcas con las que ha trabajado. Para ella, contar con lineamientos sin perder la posibilidad de interpretar permite que el resultado tenga una identidad propia.
Bárbara Ortiz: “La ilustración es una disciplina con espacio para crecer en Chile”
En Chile, Bárbara considera que todavía existe mucho espacio para desarrollar la ilustración de moda.
Durante años, la disciplina estuvo asociada principalmente al figurín y a la representación tradicional de prendas. Hoy, en cambio, puede participar de campañas, editoriales, experiencias en vivo, packaging, objetos e incluso proyectos vinculados con gastronomía y arquitectura.
Para ella, el desafío está en que las marcas chilenas comiencen a entender la ilustración no solamente como un elemento decorativo, sino como una disciplina capaz de construir identidad y relato.
En ese sentido, observa lo que ocurre en grandes casas internacionales que han incorporado la ilustración en sus campañas y universos de marca, y cree que Chile también cuenta con talento suficiente para explorar ese camino.
“En Chile hay demasiados buenos ilustradores para llevarlo a esa índole”, comenta.
Su propia trayectoria representa justamente esa expansión. Una ilustración que puede comenzar observando una colección y terminar convertida en un objeto, una experiencia o parte de una identidad visual.
Dibujar mucho, pero mirar todavía más
Para quienes quieren dedicarse a la ilustración de moda, su principal consejo podría resumirse en una idea: dibujar es importante, pero aprender a mirar lo es todavía más.
Libros, películas, fotografía, arquitectura, exposiciones, campañas antiguas, objetos y diseño son parte de un archivo visual que, tarde o temprano, termina apareciendo en el trabajo.
También invita a no intentar encontrar un estilo demasiado rápido. El estilo, aparece después de repetir, equivocarse y descubrir cuáles son esas decisiones que una persona toma una y otra vez casi sin darse cuenta.
“No intenten encontrar un estilo demasiado rápido. Tener una voz reconocible es mucho más importante que dibujar perfectamente”.


¿Cómo ilustraría Bárbara Ortiz la moda chilena?
Al imaginar la moda chilena actual en una sola imagen, Bárbara no piensa en una pasarela ni en una prenda específica.
Piensa en una gran mesa de trabajo. Sobre ella habría prendas, retazos, bocetos, materiales, objetos antiguos y nuevas tecnologías. Algunas cosas estarían terminadas y otras todavía en proceso.
Es una metáfora que utiliza para describir el momento que atraviesa la industria nacional: una escena que todavía está buscando su identidad, revisando su historia y experimentando nuevas formas de producir y comunicar.
Y quizás lo más interesante es que, para Bárbara Ortiz, esa falta de definición absoluta no necesariamente es una debilidad. La mesa está desordenada porque todavía se está construyendo.
“Quizás eso es precisamente lo más atractivo de la industria de la moda chilena actual”.


La ilustración es solo una de las tantas disciplinas que forman parte de la industria de la moda y que, desde distintas miradas y oficios, contribuyen a construir su identidad. Son muchos los profesionales que desde el diseño, la fotografía, el estilismo, y otras áreas están dando forma a una escena que continúa creciendo y encontrando su propio camino.
Para conocer a quienes están detrás de esta construcción y descubrir las distintas miradas que hoy forman parte de la moda chilena, puedes visitar nuestra sección Voces de la Moda.
