Javiera Mieres, más conocida como Turban Girl, es una influencer de moda chilena que ha hecho del vestuario una declaración de libertad. Abogada de formación, creadora de contenido por elección, su estilo performático desafía las etiquetas y reivindica la moda como lenguaje.
Entrevista realizada en octubre de 2024.
El disfraz como identidad
Desde pequeña, Javiera se sintió atraída por la performance. No por competir ni ganar premios, sino por el ritual del vestuario. “Estuve en ballet y patinaje artístico durante toda mi etapa escolar, y lo que más disfrutaba era poder ponerme el traje, peinarme, maquillarme. Era una sensación de satisfacción corporal que recuerdo hasta hoy”, cuenta.
Ese impulso por contar historias a través de lo visual, fue el inicio de una forma de habitar la moda que marcaría su camino. “Lo que más me gustaba de la performance era la parte de la vestimenta. Lo visible. Lo estético”, reflexiona.
Aunque en su día a día escolar el uniforme limitaba esa expresión, Javiera encontraba diferentes espacios, como desfiles improvisados en su casa. El quiebre llegó cuando entró a estudiar derecho en la universidad. Sin embargo, en contraste con una carrera tradicional, fue ahí donde sintió la necesidad de explorar su creatividad.
“Empecé a ir a la facultad con ropa distinta, me hacía peinados con gel, usaba brillitos, me ponía sombreros. En 2015 eso llamaba la atención. Hoy no tanto, pero en ese momento era raro”, recuerda.


El inicio de su era digital: una app y una maleta gigante
Antes de que Instagram dominara todo, Javiera subía sus looks a Cranberry Chic, una plataforma de moda donde no se etiquetaban personas, sino marcas. Ahí empezó a tener visibilidad. “Me contactaron para ser Super Cranberry. Eso significaba que una fotógrafa profesional te iba a sacar fotos para la app. Era increíble”.
Pero la experiencia no fue tan glamorosa como suena. Ella vivía en Quinta Normal y tenía que cruzar Santiago en micro con una maleta enorme llena de ropa para poder producir las fotos. “Era una maleta de las grandes, de las que se van abajo en el avión. Todo eso sin ganar plata, solo porque lo disfrutaba muchísimo. Me daba satisfacción ver mi perfil armado, como un portafolio”.
De ese modo comenzó a entrar en el mundo de las marcas, los canjes y los eventos. “Instagram en ese momento no era lo que es ahora. Yo llegué a los 5 mil seguidores y eso ya era ser influencer”. Su nombre empezó a circular en un circuito pequeño de la moda chilena. “Era difícil entrar, pero una vez que entras, te quedas”.
Ser influencer de moda chilena en pandemia
Mientras estudiaba y trabajaba en un estudio jurídico, la creación de contenido seguía como un hobby, hasta que llegó la pandemia. Encerrada y estudiando para su examen de grado, su lado creativo explotó. “Me puse a hacer videos en Instagram: de maquillaje, de moda, pero también de derecho. Uno de esos se viralizó y duplicó mis seguidores. Ahí me di cuenta de que podía llegar a más gente”.
En 2021 hizo su práctica profesional y en 2022 comenzó a trabajar en la Corte de Apelaciones. Pero algo no calzaba. “Lo pasaba pésimo. Todo el día pensaba en las cosas que podría estar creando. Me di cuenta de que no quería dedicarme al derecho. Renuncié a los seis meses y desde entonces me dedico 100% a la creación de contenido”.


Moda, redes y evolución
Hoy, Javiera tiene más de 163 mil seguidores en Instagram y 283 mil en TikTok. Su contenido mezcla humor, maquillaje y, sobre todo, moda. Una moda que es expresión y lenguaje. “Siempre hablo de libertad. La moda me ha permitido sentirme libre. Para mí, vestirse es un acto artístico, emocional y político”.
Su estilo llama la atención. Ha sido tratada de “payaso”, “rara”, “ridícula”. Pero para ella eso solo confirma que está haciendo algo distinto. “Me gusta que la gente me vea y se pregunte por qué me visto así. Porque no hay una razón única. A veces salgo con jeans y polera, y otros días con cien cosas encima. Ambas versiones son yo”.
También es consciente del poder que tienen las redes. “La visibilidad que me han dado me ha permitido entrar a un mundo donde antes no había espacio para personas como yo. Hoy hay muchas más propuestas, diseñadores emergentes, marcas que hacen upcycling. Es el momento más entretenido para ser influencer de moda chilena”.
El hate y el amor propio
Como toda figura pública, ha recibido críticas. “Los haters son fans en cubierto. Son los que más ven mis videos, los que se saben mis frases, mis movimientos. Me da morbo. Me entretiene”.
Lo que sí le afecta es cuando critican su forma de ser. “Si alguien dice que fui pesada, eso me duele. Porque soy una persona muy preocupada por mis valores. Lo superficial me resbala, pero que digan que soy mala persona, eso sí me toca”.
En su camino ha sido clave el apoyo de su entorno. Hija única, criada por dos profesores de básica, cuenta con el respaldo incondicional de sus papás y amigos. “Cuando decidí dejar el derecho, acudí a ellos. Y me dijeron: quizás es impulsivo, pero te vas a arrepentir mucho si no lo haces. Ese fue el mejor consejo”.


Vestirse sin pedir permiso siendo influencer de moda chilena
Javiera se considera alguien única. “Me gusta la performance, que mucha gente vea lo que hago. Me gusta tener una plataforma”. Y aunque le cueste “creerse el cuento”, sabe que tiene un mensaje importante que compartir.
“El comentario que más me emociona es cuando alguien me dice: gracias a ti me atreví a ponerme algo distinto. Para mí eso vale más que cualquier like. Siento que vine a decirle a la gente que puede vestirse como quiera, sin pedir permiso”.
Y si pudiera hablar con su yo niña, le diría: “Sigue. Confía en ti. Sigue jugando con tu ropa, sigue explorando tu creatividad. Lo que haces está bien. No escuches a quienes te dicen que eso no es compatible con tu carrera. La moda también es un oficio, y es igual de válido que cualquier otro”.
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