Reflexiones en el asiento trasero

Antonio Álvarez es estudiante de diseño de vestuario en AIEP y un apasionado del periodismo de moda. Le interesa observar cómo la estética, la identidad y la cultura se entrelazan, y cómo la moda puede transformarse en un lenguaje emocional más que en una tendencia pasajera.

En esta columna comparte una reflexión íntima que nace en el asiento trasero de un Uber: ¿por qué todavía existen miradas que reducen la moda a formalidad, corrección y respeto? A partir de una conversación incómoda, Antonio cuestiona esa idea y defiende una visión más profunda de la moda como expresión personal, como un espacio para explorar quiénes somos y cómo habitamos el mundo. Porque vestirse no es seguir instrucciones ajenas, sino encontrar una voz propia en medio de los códigos, las normas y las expectativas.

Esta columna fue escrita por un lector de Blog de Cero. Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad de quien las emite.


La otra vez, mientras regresaba en Uber a mi departamento, el conductor me dijo que adoraba la moda, y que le gustaba mucho hacer cambios de imagen a las personas, yo no había tenido la mejor noche, así que me alegré de poder tener una conversación agradable ese día.

Sin embargo, como suele ocurrir, la suerte no siempre está de mi lado. Con el avance de la conversación, el chofer comenzó a expresar su descontento con la moda contemporánea, despreciando todo el vestuario callejero, los colores vibrantes, las combinaciones audaces de patrones y estampados, y sobre todo, hacia aquellos que usan el vestuario como una forma de expresión personal. Sinceramente, en ese momento no tenía la energía emocional para debatir. Sentí que no valía la pena, pero no pude evitar reflexionar sobre cómo algunas personas parecen atrapadas en un ciclo de crítica y repudio hacia todo lo que se desvía de su norma autoimpuesta.

Profundizando en la charla con el conductor, expresó claramente su convicción de que la clave del éxito radica en la formalidad. Desde su perspectiva, en el panorama actual, la seriedad y el respeto se obtienen exclusivamente al vestirse de manera impecable y ajustada a las normas establecidas.

Este enfoque contrasta radicalmente con mi propia filosofía, ya que considero que las personas no deben ajustarse a las tendencias y modas, sino encontrar su estilo propio, y potenciarlo de tal manera en la que puedan adaptarlo a cualquier situación y tendencia del momento, pero sin perder su esencia.

Pensar que la moda se reduce a lo que hay en un maniquí de Zara es tan triste como creer que el arte sólo existe en los museos. ¿Dónde queda el espacio para la exploración personal, para atreverse a usar prendas que amamos, pero que nunca encontramos el momento adecuado para usar? La vida, en mi opinión, debería ser más que seguir patrones predefinidos; debería ser sobre expresar quiénes somos a través de nuestras elecciones personales.

Si la clave de la vida es la confianza en uno mismo, ¿cómo se puede manifestar en una entrevista de trabajo usando el mismo traje negro de dos piezas que miles de personas más han usado? ¿Cómo se puede expresar nuestra identidad si nos vemos obligados a usar día tras día un uniforme de tonos grises y apagados en el trabajo?

Blair Waldorf dijo una vez «La moda es el arte más poderoso que hay» Aunque algunos puedan debatir esta idea, me gusta la comparativa que hace, al demostrar el poder que tiene la moda, al ser el arte que está más presente en la vida cotidiana y en la sociedad. Y no solo se trata de lucir bien, es una herramienta poderosa que nos permite comunicar múltiples aspectos de nuestra identidad, no se trata únicamente de usar ropa estéticamente agradable, sino de utilizar cada prenda como un medio para expresar nuestra personalidad, nuestro estado de ánimo, lo que valoramos y qué comunidades nos representan. Todo esto afirmando nuestra autoestima y confianza personal.

Finalmente, me cuesta comprender por qué me sorprendió tanto este discurso. Después de todo, el viaje partió en una comuna donde la formalidad sigue siendo sinónimo de respeto.


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