Benjamín Contreras es fotógrafo, entusiasta de la moda y observador activo de la escena chilena. Actualmente estudia Economía en la Universidad de Chile, desde donde cruza una mirada cultural y de mercado para analizar cómo se construyen las tendencias, el consumo y la identidad dentro de la moda contemporánea.
En esta columna cuestiona el auge del minimalismo y la obsesión por los “básicos” que domina redes sociales como TikTok, Pinterest e Instagram. ¿Qué pasa cuando la moda deja de ser una herramienta de expresión y se transforma en un uniforme visual dictado por algoritmos?
A partir de las ideas del semiólogo Roland Barthes, Benjamín reflexiona sobre cómo el minimalismo terminó convirtiéndose en un nuevo código de consumo disfrazado de libertad. Porque si la moda es un lenguaje, vestirse no debería significar repetir fórmulas vacías, sino construir una identidad propia en medio de un sistema que constantemente intenta homogeneizarnos.
Esta columna fue escrita por un lector de Blog de Cero. Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad de quien las emite.
Abre Instagram, TikTok, Pinterest o cualquier red social y verás que el discurso es el mismo: “arma 15 outfits con tan solo estos 4 básicos” o “necesitas estas prendas como base para construir tu armario”. Nos venden que para ser elegantes, modernos o incluso sostenibles, debemos vender toda la ropa de nuestro clóset y llenarlo de prendas idénticas: tank tops, henley shirts, jeans de corte recto, mocasines negros, una camisa blanca y un trench beige. El minimalismo prometía liberarnos de la presión y el ruido que generan las tendencias; se vende como una cura al estrés de tener que elegir, pero termina convirtiéndose en una restricción, un imperativo estético.
¿Qué es realmente un «básico»? El mito de la prenda neutra
Antes de realizar un análisis profundo, debemos preguntarnos: ¿qué es un básico? Si para mí un básico es la polera de mi banda favorita o los jeans flare que heredé de mi papá, ¿por qué el sistema le da la «gracia» a una camiseta blanca y se la quita a una polera de Sade?
Aquí entra Roland Barthes, crítico de la moda y semiólogo francés. En su libro The Fashion System, Barthes explica que todas las prendas de ropa en sí mismas son pura materia inerte, objetos sin un significado propio; “un abrigo es un abrigo”. El significado de una pieza no proviene de las costuras o del material del que está hecha, sino del “sistema de la moda”, que actúa a través del lenguaje (lo que él describe como “ropa escrita” frente a “ropa real”).
Cuando un influencer o una revista decreta que una tank top blanca es un “básico esencial para jugar por capas”, está tomando un trozo de tela y dándole un significado predeterminado, mágico y arbitrario. La prenda recibe la “gracia” de ser considerada un básico no por su utilidad real, sino porque el discurso de la moda así lo dicta. Este básico funciona como una unidad semántica mínima, la cual aceptamos sin refutar.
El minimalismo como el nuevo consumismo oculto
Barthes también nos advierte sobre el propósito económico detrás de esto. Él señala que la sociedad industrial está obligada a formar consumidores que no calculen. Para lograr que sigamos consumiendo, la industria debe crear un “simulacro” del objeto real, envolviendo la ropa en un velo de formas, imágenes, razones y significados.
El minimalismo en redes sociales es el perfecto ejemplo de esto: nos entusiasma para que compremos los “básicos” de distintas marcas, siempre bajo la justificación de comprar menos, pero mejor. Es por eso que terminamos viendo las mismas prendas (sobre todo provenientes del fast fashion) en todas partes. Hemos reemplazado la compra por desgaste o por tendencia por una compra dictada por un código homogéneo de “lo esencial”.
La reducción de la identidad: de lo múltiple a lo uno
¿Por qué esto mata a la moda? Porque la moda debería ser un lenguaje de expresión personal. Barthes explica que el objetivo de la moda comercial es reducir lo múltiple a lo uno. El sistema toma la infinita diversidad y discontinuidad que existe en las prendas y las disciplina para imponer un significado uniformado.
El minimalismo actual es la máxima expresión de esta reducción. Al estandarizar el concepto de “prenda básica”, la industria borra la identidad individual. Cuando todos usamos la misma camiseta blanca “perfecta”, dejamos de expresar nuestras propias oraciones con la ropa y nos limitamos a repetir el guion de turno. En la semiótica, el exceso de información es ruido; el sistema actual considera tu información personal (tus gustos, tus preferencias, tus parches) como un “ruido” que debe ser limpiado para que el mensaje que transmitas sea impoluto.
Reclamar nuestro vocabulario de vuelta
Si la moda es un lenguaje, entonces los básicos deberían ser las palabras de uso frecuente de nuestro propio vocabulario, no el vocabulario impuesto por un algoritmo. El verdadero minimalismo no debería enfocarse en borrar nuestra paleta de colores, sino en depurar nuestro clóset para quedarnos solo con lo que nos representa, y a través de nuestro sentido de identidad, darle valor. Al final, la verdadera amenaza del minimalismo no es que tengamos menos ropa, sino que tengamos menos ideas. El minimalismo será un silencio elegante, pero la moda pide a gritos identidad.
Roland Barthes nos enseñó hace más de cincuenta años que la moda es un sistema de significados, pero hoy ese sistema parece estar atrapado en un bucle de blancos, negros y beiges que nos promete una ‘perfección’ que nunca existió. Si digo que esta tendencia está matando la moda, es porque está borrando al individuo de la ecuación para salvar la estética. Si tu básico es esa polera desgastada, que llega a ser una parte de ti, úsala. Porque la moda solo está viva cuando el que se viste tiene algo que decir, y no sólo algo que ocultar detrás de una impecable, pero vacía, camiseta blanca.
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