MET Gala 2026: ¿La moda es arte?

Antonio Álvarez es estudiante de diseño de vestuario en AIEP y un apasionado del periodismo de moda. Le interesa analizar cómo la moda dialoga con el arte, la cultura y las emociones, entendiendo el vestir como algo que va más allá de lo funcional y se acerca a una forma de expresión profunda.

En esta columna, inspirada en la MET Gala, se adentra en una de las preguntas más insistentes dentro de la industria: ¿puede la moda ser considerada arte? A partir del contexto de la exposición y su polémico dress code, Antonio revisa los prejuicios que históricamente han separado ambas disciplinas y propone una mirada más abierta. Porque si el arte es capaz de provocar, emocionar y comunicar, entonces la moda también puede ocupar ese lugar, transformando el cuerpo en un medio expresivo y el vestir en una experiencia que va mucho más allá de lo estético.

Esta columna fue escrita por un lector de Blog de Cero. Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad de quien las emite.


Si son tan amantes de la moda como yo, deben saber que hoy (lunes 4 de mayo del 2026) ocurre uno de los eventos más importantes del año: la gala del MET. Cada primer lunes de mayo, en el Metropolitan Museum of Art, se da inicio a la exposición anual del Instituto del Vestido con un evento benéfico que reúne a algunas de las figuras más influyentes de la industria. Cientos de celebridades esperan ansiosas el momento de desfilar por la alfombra roja para mostrar su propia interpretación del dress code de cada año.

La exposición de este año es “Costume Art” y presentará cerca de 400 piezas que abarcan más de 5.000 años de historia. La muestra combinará prendas de vestir con obras pertenecientes a las colecciones del museo, explorando la relación entre moda, cuerpo y representación artística.

Las piezas estarán organizadas según distintos “tipos de cuerpo” que suelen aparecer en las obras del museo, como el “Cuerpo Desnudo”, el “Cuerpo Clásico”, el “Cuerpo Embarazado” y el “Cuerpo Envejecido”. Sin embargo, el verdadero centro de conversación ha sido el dress code oficial: “Fashion Is Art”. Un concepto tan simple como polémico, porque revive una de las preguntas más repetidas dentro de la industria: ¿La moda realmente puede ser considerada arte?

A lo largo de la historia, la moda ha sido menospreciada porque suele concebirse principalmente como industria. Aunque la creatividad siempre ha sido uno de sus pilares, al formar parte de la vida cotidiana también debe ser funcional, práctica y cumplir con su propósito más básico: vestir al ser humano. Pero, ¿acaso el vestuario no puede convertirse también en un medio para expresar emociones, así como un lienzo en blanco lo es para un pintor?

Antes de entrar en este debate, creo que primero hay que entender algo importante: la definición de arte nunca ha sido estática. Ha cambiado constantemente con el tiempo, pero hoy solemos entenderlo como una forma de expresión capaz de transmitir ideas, emociones o una mirada sobre el mundo. Y ahí es donde la moda entra en conflicto. Históricamente, ha sido vista como algo superficial, pasajero e incluso demasiado ligado al consumo. Cómo vive del cambio, de las temporadas y de la constante renovación, muchas veces queda alejada de esa idea romántica del arte como algo eterno, casi espiritual e intocable.

La ropa se vende, se consume y se reemplaza. Y por eso la moda terminó convirtiéndose, para muchos, en la representación perfecta del capitalismo: deseable, masiva y efímera. Precisamente ahí nace gran parte del prejuicio que todavía existe hacia ella.

No es casualidad que muchos diseñadores hayan marcado una clara línea entre el arte y el vestuario. Durante siglos, disciplinas como la pintura, la escultura o la música fueron asociadas a la contemplación intelectual y a la permanencia, mientras que la moda quedó ligada al oficio, al cuerpo y al trabajo manual. Un vestido debe servirle a alguien, ajustarse al cuerpo, venderse y sobrevivir al cruel paso del tiempo. El precio de una obra de arte puede aumentar drásticamente con los años; la moda, en cambio, casi siempre pierde valor apenas deja de ser nueva, y solo en ciertas ocasiones logra revalorizarse como pieza vintage o de colección.

Y aun así, la moda es mucho más que ropa. Fusiona performance, estilo, técnica, referencias culturales, movimientos artísticos, arquitectura e incluso matemáticas para quienes alguna vez han construido moldes desde cero. Entonces, ¿por qué eso no sería suficiente para considerar este oficio una forma de arte?

Yves Saint Laurent dijo una vez: “La moda no es exactamente un arte, pero requiere de un artista para existir.” Y creo que esa frase nos lleva a la parte más interesante de esta discusión: incluso cuando la moda intenta separarse del arte, sigue necesitando artistas para cobrar vida.

Porque diseñar ropa va mucho más allá de simplemente confeccionar prendas. Hoy cualquiera puede autodenominarse diseñador, pero no todos poseen la sensibilidad, la visión o la capacidad de transformar una idea en algo capaz de comunicar, emocionar o permanecer en la memoria colectiva. Ahí es donde aparece la verdadera diferencia entre producir ropa y crear moda.

Después de todo, no cualquier persona capaz de sostener un pincel puede pintar una obra digna del Louvre. De la misma manera, no cualquiera que sepa coser puede construir una silueta capaz de marcar una época, transformar la cultura visual o convertir el cuerpo humano en un medio de expresión.

Erróneamente, existe esta idea de que el arte debe ser necesariamente bonito. Que todo aquello que se ve estéticamente agradable merece ser llamado arte, mientras que todo lo incómodo, extraño o provocador es simplemente “basura contemporánea”. Pero el arte nunca ha existido únicamente para decorar. Su verdadero propósito siempre ha sido expresar algo, incluso si aquello que transmite resulta incómodo, confuso o desagradable. Si una obra logra provocarte una emoción, una reacción o incluso un rechazo, entonces ya cumplió su función.

En la moda, muchas veces la conversación sobre “arte” termina reduciéndose a las referencias visuales más obvias. A lo largo de la historia, distintos diseñadores han buscado fusionar directamente las prendas con pinturas y movimientos artísticos. Yves Saint Laurent transformó las composiciones geométricas de Piet Mondrian en algunos de los vestidos más icónicos del siglo XX; Elsa Schiaparelli colaboró con Salvador Dalí para crear el famoso vestido “Lobster”, mezclando surrealismo y alta costura. Por su parte, Gianni Versace utilizó las ilustraciones de Andy Warhol para transformar el pop art en estampados que terminaron marcando la cultura visual de toda una época.

Pero quizás el verdadero arte en la moda nunca estuvo únicamente en imprimir pinturas sobre una tela. Un diseñador no necesita citar directamente a un artista para crear algo artístico. De la misma manera en que un pintor utiliza un lienzo para expresar ideas, emociones o una visión del mundo, un diseñador puede hacer exactamente lo mismo a través del cuerpo humano y el vestuario.

Ahí es donde figuras como Alexander McQueen cambiaron por completo la conversación. Sus colecciones no buscaban únicamente crear ropa “bonita”; hablaban sobre muerte, violencia, romanticismo, trauma y poder. Sus desfiles funcionaban como performances teatrales, donde la ropa se transformaba en narrativa visual. Algo similar ocurre con Rei Kawakubo para Comme des Garçons, quien destruyó deliberadamente las ideas tradicionales de belleza mediante siluetas deformes, cuerpos alterados y prendas incómodas que obligaban al espectador a cuestionar qué consideramos realmente “bello”.

Siempre me ha costado separar completamente la moda del arte. Quizás porque mi primer acercamiento real a ella no fue a través de una prenda, sino de una emoción.

La primera vez que vi un desfile fue el Versace Spring – Summer 1995. En ese momento yo ni siquiera sabía quién era Gianni Versace, ni entendía la importancia histórica que tendría ese período para la marca. Pero recuerdo perfectamente la sensación que me produjo verlo: quedé completamente hipnotizado.

Había algo en esa mezcla de sofisticación, sensualidad y exceso que me hizo entender, incluso sin poder ponerlo en palabras todavía, que la moda podía provocar exactamente lo mismo que cualquier otra disciplina artística. Y creo que ahí algo cambió dentro de mí.

Así como muchas personas recuerdan la primera pintura, película o canción que despertó su amor por el arte, yo recuerdo ese desfile. Porque fue la primera vez que entendí que crear ropa también podía convertirse en una manera de expresar una visión del mundo.

Creo que, como veredicto final, este artículo termina convirtiéndose también en una pequeña carta de amor hacia los artistas en general. En un mundo donde el dinero, la productividad y las tragedias parecen dominar constantemente la conversación, siempre han existido personas dispuestas a mirar hacia otro lado. Personas capaces de encontrar belleza, emoción o significado incluso en medio del caos.

Porque el arte nunca ha sido únicamente decoración. El arte ha sido refugio, protesta, identidad y también escape. Y quizás por eso sigue siendo tan necesario hoy. En una realidad cada vez más rápida, cruel y manipulada, todavía existen artistas que se atreven a crear algo genuino, algo capaz de conectar a las personas con una parte más emocional, sensible e incluso espiritual de sí mismas.

No se ustedes pero yo me muero de ganas por ver el MET de este año. Porque más allá de los memes, las críticas o las listas de “mejor y peor vestido”, probablemente veremos personas intentando expresar algo a través del vestuario. Algunas lo harán desde la teatralidad, otras desde la nostalgia, la rebeldía, la elegancia o incluso la incomodidad. Y quizás esa sea la mejor manera de entender el dress code de este año: cualquier forma de arte será válida mientras exista una intención real detrás de ella.


¿Tienes algo que decir sobre la moda chilena?

Si quieres compartir tu mirada, reflexiones o experiencias, este espacio también es tuyo. Envíanos tu columna a contactodecero0@gmail.com y cuéntanos qué te mueve de la moda hecha en Chile.

Scroll al inicio