Fundación Textil Circular: la red de emprendedoras que busca transformar la relación de Chile con la ropa

La economía circular textil en Chile no comienza desde cero. Detrás de la reparación, la ropa usada, el suprarreciclaje y la reutilización existe una red de personas que lleva años trabajando a escala local. Fundación Textil Circular busca conectar, visibilizar y fortalecer ese trabajo para convertirlo en parte de la vida cotidiana del país.

En Chile, hablar de economía circular textil suele llevarnos inmediatamente a conceptos como reciclaje, reutilización o suprarreciclaje. Sin embargo, detrás de estas prácticas existe algo mucho más concreto como personas que reparan prendas, venden ropa de segunda mano, transforman textiles descartados, enseñan oficios y construyen sus propios emprendimientos a partir de lo que ya existe.

Ese universo es el que Fundación Textil Circular busca conectar y fortalecer.

La organización nació a partir de una problemática que se hizo especialmente evidente durante los mega incendios que afectaron a la Región de Valparaíso. En medio de las emergencias comenzaron a llegar enormes cantidades de donaciones de ropa, muchas veces sin orientación sobre cómo gestionarlas.

Para Rocío Peters, directora de la fundación y encargada de comunidad, fue precisamente esa experiencia la que permitió visualizar que detrás de una situación que parecía ser exclusivamente una emergencia también existía una oportunidad para repensar la gestión de los textiles.

De las emergencias a una solución para Chile

La necesidad de crear la fundación apareció al observar el trabajo que Catalina Herrera ya estaba realizando durante los incendios para gestionar las donaciones textiles que llegaban de manera descontrolada.

“Catalina estaba creando y ejecutando una solución efectiva para las donaciones de ropa que estaban llegando de manera descontrolada después de los mega incendios”, explica Peters.

Ese trabajo se desarrollaba sin apoyo gubernamental, pero contaba con una comunidad de voluntarios y personas vinculadas a la economía circular textil que estaban dispuestas a aportar sus conocimientos y herramientas.

El objetivo era evitar que las prendas terminaran directamente en un relleno sanitario y conseguir que ese recurso textil pudiera volver a circular.

Fue entonces cuando apareció una pregunta que terminaría dando origen a Fundación Textil Circular: ¿qué pasaría si ese modelo pudiera utilizarse no solamente durante una emergencia, sino como una solución permanente para la gestión de textiles en Chile?

“Ahí nos dimos cuenta de que todo ese potencial podía convertirse en algo más. No solamente en una solución para momentos de crisis, sino en una solución real de sostenibilidad textil para Chile”, cuenta Peters.

La experiencia no era nueva para la región. Durante una década, Valparaíso había enfrentado cuatro mega incendios y, según explica Peters, en todos ellos se repetía la situación donde llegaban enormes cantidades de donaciones textiles sin una estrategia clara para gestionarlas.

La respuesta terminaba muchas veces en el relleno sanitario, especialmente cuando la acumulación de ropa comenzaba a transformarse en un problema sanitario.

Pero para la fundación existía otra posibilidad.

“Nosotros veíamos que nadie estaba mirando el potencial de la economía circular a escala humana”, señala Peters.

Personas con conocimientos, herramientas y experiencia ya estaban ahí. Costureras, artesanas, emprendedoras de ropa usada y trabajadoras textiles podían convertirse en parte de la solución. El desafío era generar modelos capaces de beneficiar simultáneamente a las personas y al medioambiente.

La economía circular textil en Chile: un escenario esperanzador

Después de conectar con emprendedoras de distintas regiones, la mirada de Peters sobre el futuro de la economía circular textil en Chile es esperanzadora.

Desde su rol como encargada de comunidad, mantiene contacto semanal con mujeres de distintos territorios que comparten sus historias, emprendimientos y conocimientos.

La comunidad de Fundación Textil Circular se acerca actualmente a las mil emprendedoras conectadas y, para Peters, esa cifra representa solo una parte de una realidad mucho más grande.

“Sabemos que somos muchas más, porque todavía no hemos llegado a todas y todos”, explica.

Lo que encuentra en esa red es compromiso, creatividad y, sobre todo, ganas de participar en un cambio que trasciende a cada emprendimiento individual.

Pero hay algo que considera especialmente relevante: muchas de estas prácticas no son nuevas.

Las personas que hoy hablan de reparación, reutilización o ropa usada como parte de la economía circular son, en muchos casos, las mismas que han desarrollado estos oficios durante décadas.

“Son las costureras de toda la vida, las personas que han mantenido sus hogares con la costura, reparando ropa o vendiendo ropa usada”, dice.

Lo que está cambiando es la manera en que ese trabajo es percibido.

Oficios que durante años permanecieron invisibilizados comienzan a ser reconocidos como parte de una posible respuesta frente al problema de los residuos textiles y al modelo de consumo acelerado de la moda.

Conectar para dejar de competir

Uno de los desafíos que la fundación ha identificado es que las emprendedoras puedan comenzar a verse como parte de una comunidad y no exclusivamente como competencia.

Las diferencias territoriales son evidentes. Mientras Santiago y Valparaíso cuentan con movimientos de economía circular que llevan años desarrollándose, en otras regiones las emprendedoras recién comienzan a encontrarse y generar acciones conjuntas.

Para Peters, ese vínculo puede marcar una diferencia importante.

Parte de su trabajo consiste justamente en incentivar que las emprendedoras conozcan a sus colegas, compartan experiencias y descubran oportunidades de colaboración.

Ya existen regiones donde han comenzado a organizar acciones colectivas para visibilizar sus emprendimientos en sus propias comunas y territorios.

La lógica detrás de esto es que muchas enfrentan los mismos problemas y, al conectarse, pueden encontrar soluciones de manera colectiva.

“Uno de los roles de la fundación es justamente visibilizar y empoderar a las personas que trabajan a escala humana en economía circular textil”, explica Peters.

El Directorio Textil Circular y el Programa de Embajadoras son algunas de las herramientas que han desarrollado para avanzar en esa dirección. En este último caso, son las propias emprendedoras quienes ayudan a convocar a nuevas personas para incorporarse a la red.

Educación para cambiar la forma en que consumimos ropa

Para que la economía circular textil deje de ser un nicho, Peters considera que el elemento fundamental es la educación.

Pero no necesariamente se trata de grandes campañas. El cambio también puede producirse de manera cotidiana, desde las propias personas que trabajan en este sector.

Cada vez que una costurera explica a un cliente por qué vale la pena reparar una prenda, o una emprendedora cuenta por qué comprar ropa usada tiene valor, también está educando.

“Cada emprendedora que trabaja en economía circular, al mismo tiempo, está educando”, afirma.

De esta manera, el mensaje se expande de forma orgánica y desde los propios territorios.

La fundación también busca aportar en ese proceso, entregando conocimientos y generando conciencia, pero además ayudando a que las emprendedoras y la industria comprendan el papel que tienen dentro del nuevo escenario que comienza a configurarse con la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP).

El desafío de vivir de la economía circular según Fundación Textil Circular

Existe, sin embargo, una contradicción importante.

Mientras cada vez se habla más sobre sostenibilidad y economía circular, para muchas personas que trabajan en este ámbito todavía resulta difícil vivir de sus emprendimientos.

Uno de los principales obstáculos es la competencia con un mercado de ropa nueva donde los precios pueden ser extremadamente bajos.

En ese contexto, no siempre es fácil que los consumidores comprendan todo el trabajo que existe detrás de una prenda reparada, reutilizada o transformada.

“Hay mucho trabajo que no se ve”, explica Peters.

Buscar materiales, seleccionarlos, limpiarlos, repararlos, transformarlos y finalmente venderlos son procesos que requieren tiempo y conocimiento, pero que no necesariamente quedan reflejados en el precio final.

A eso se suma la falta de infraestructura y de espacios adecuados para que los emprendimientos puedan desarrollarse y crecer.

Aun así, Peters destaca la capacidad de adaptación de quienes trabajan en este sector.

Son personas que durante años han aprendido a encontrar soluciones con los recursos disponibles y que ahora comienzan a descubrir que existe una comunidad detrás de ellas.

Más que un directorio: una red de personas

La necesidad de visibilidad aparece como uno de los puntos en común entre quienes forman parte del Directorio Textil Circular.

Muchas de estas emprendedoras trabajan desde sus propias casas y desarrollan actividades fundamentales sin que necesariamente sean reconocidas como parte de una industria.

“Primero que todo, la necesidad de que las vean”, resume Peters.

Pero también existe el deseo de vender más, fortalecer los negocios y formar parte de algo mayor.

Cuando las emprendedoras comienzan a conocerse, descubren que pueden compartir herramientas, conocimientos y soluciones. La colaboración comienza entonces a reemplazar la lógica de competencia.

Para Fundación Textil Circular, esa comunidad es parte fundamental de la transformación que busca impulsar.

El Directorio no pretende ser simplemente un lugar donde encontrar a alguien que repare una prenda o venda ropa usada. La idea es construir una red donde también circule conocimiento y donde quienes llevan años desarrollando estos oficios puedan aprender unas de otras.

¿Cómo se construye la confianza?

Para formar parte del Directorio, uno de los elementos fundamentales es compartir el propósito de la fundación y comprender que la economía circular requiere transparencia y responsabilidad.

Pero la confianza también se construye hacia dentro de la comunidad.

Una costurera puede tener conocimientos que otra emprendedora no posee. Así como alguien dedicado a la ropa usada puede conocer procesos que resulten útiles para quien trabaja en suprarreciclaje.

La diversidad de experiencias se transforma así en una herramienta colectiva.

“La confianza se construye siendo coherentes entre lo que promovemos y la manera en que trabajamos”, plantea Peters.

El impacto no se mide solamente en toneladas

En un proyecto relacionado con residuos textiles, las toneladas recuperadas parecen ser el indicador más evidente del impacto. Sin embargo, para Fundación Textil Circular existen otras transformaciones que resultan incluso más significativas.

El impacto aparece cuando una emprendedora consigue nuevos clientes gracias al Directorio. Cuando dos personas se conocen dentro de la comunidad y posteriormente comienzan a trabajar juntas. O cuando una empresa se acerca buscando una solución para sus descartes textiles.

Son señales de que algo está cambiando en la relación entre personas, empresas y textiles.

“Al final, nuestro trabajo no es solo mover textiles. Es fortalecer personas, redes y comunidades para que esta transformación siga creciendo incluso sin que nosotros estemos al centro”, dice Peters.

Esa frase resume buena parte de la mirada de la fundación. La meta no es convertirse en el único intermediario de la economía circular, sino contribuir a que exista una red suficientemente fuerte para funcionar y crecer por sí misma.

Una nueva relación con la ropa gracias a Fundación Textil Circular

De cara a los próximos cinco años, Peters imagina una Fundación Textil Circular mucho más grande. Con emprendedoras conectadas en todo Chile y redes colaborativas funcionando desde los propios territorios.

También espera que quienes trabajan en economía circular textil sean reconocidos por el aporte que realizan y que ya no sea necesario explicar constantemente por qué reparar, reutilizar o transformar una prenda tiene valor.

Otro de los objetivos es que existan modelos de gestión textil instalados en distintas comunas. De esa manera, frente a una futura emergencia, Chile podría contar con herramientas para gestionar las toneladas de ropa que llegan como donación sin repetir los mismos problemas del pasado.

Pero quizás el cambio más importante sea uno mucho más cotidiano.

Que reparar una prenda, reutilizarla, transformarla o comprar ropa usada deje de sentirse como una decisión excepcional.

Que simplemente sea otra manera de relacionarnos con nuestra ropa.

Y que detrás de cada una de esas decisiones podamos reconocer también a las personas que llevan años haciendo posible que los textiles sigan teniendo una vida más allá de su primer uso.

En Blog de Cero seguiremos conversando con quienes están impulsando este cambio desde sus propios territorios, visibilizando sus historias, proyectos y nuevas formas de hacer moda en Chile. 

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