Esta columna fue escrita por un lector de Blog de Cero. Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad de quien las emite.
María Bo es diseñadora, fotógrafa y estratega de branding nacida en Rusia, con base en Santiago y clientela en todo el mundo. Es la mente detrás de “MARYBO”, una casa de moda que desde 2013 diseña prendas elegantes para cuerpos reales, en todas las tallas, sin pedir permiso para existir. En esta columna expone una verdad incómoda: el espejismo de las tallas en Chile y la desconexión entre la oferta y el cuerpo promedio. ¿Cómo es posible que, en un país donde la mayoría de las mujeres usa L o XL, encontrar ropa que calce bien siga siendo una misión imposible? Para María, la solución pasa por cambiar el diseño, el tallaje y, sobre todo, los prejuicios de la industria. Porque vestirse bien no debería ser un privilegio de unas pocas, sino un derecho para todas.
Caminar por un mall o Patronato en Santiago es como entrar a un universo paralelo donde la talla “M” parece ser el estándar absoluto. ¿Y si eres una mujer talla L o XL? Buena suerte. Vas a tener que revisar diez tiendas para encontrar una prenda que no te quede como un corsé medieval.
Y lo triste es que este no es solo un problema de una cuadra. Es un reflejo de todo un país.
¿Cuál es la realidad de las tallas en Chile?
La mujer chilena promedio – según estudios del INE y datos de consumo – usa entre talla L y XL. Esto significa medidas reales como:
● Busto: 95–110 cm
● Cintura: 85–95 cm
● Caderas: 95–120 cm
Sin embargo, la mayoría de la ropa que llega a Chile (sobre todo desde China o Europa) tiene como «L» algo que corresponde a una talla S-M chilena. Las tallas están reducidas, los moldes no se ajustan a la anatomía local y las proporciones son completamente desalineadas.
En las marcas europeas que se venden en corners de retail, una “L” puede tener solo 94-96 cm (!) de cadera. Esto está lejísimos del cuerpo promedio nacional.
¿Y qué pasa con el mercado plus size?
En Estados Unidos, el segmento plus size representa más del 21% del total del mercado de moda. Existen marcas completas que solo diseñan para tallas a partir del 44 (US 14), como Torrid, Eloquii, Universal Standard o la línea Curve de ASOS. Estas marcas no solo trabajan bien la horma: también invierten en branding, diseño, fotografía, experiencias de cliente, como cualquier otra marca aspiracional.
En Chile, en cambio, muchas de las marcas que venden tallas grandes se enfocan en el precio más bajo posible. Esto ha provocado una crisis silenciosa: menos calidad, menos diseño, menos inversión… y más frustración para las clientas. Lo vimos con Corona, una de las pocas tiendas de retail que ofrecía tallas extendidas, y que cerró en 2025.
Claramente no se puede sobrevivir ofreciendo solo “más tallas” sin ofrecer diseño o innovación.
El prejuicio silencioso: “las tallas grandes no venden”
Hablemos claro. Tras puertas cerrada, muchos diseñadores y dueñas de marcas me han confesado que no quieren hacer tallas grandes porque creen que esas clientas “no compran” o “no tienen presupuesto”. Este pensamiento es tan injusto como equivocado… Yo trabajo cada semana con mujeres reales. Mujeres profesionales, madres, emprendedoras. Y muchas de ellas tienen talla L, XL o más. Y sí tienen ganas de vestirse bien. Y sí tienen dinero para invertir. Lo que no tienen es opciones.
¿Y el bodypositive? ¿Solo fue una moda?
Hace unos años, parecía que por fin el mundo de la moda entendía: la diversidad corporal es real y necesita ser representada. Modelos curvy, campañas inclusivas, promesas de tallaje más amplio… todo eso existió. Pero en 2025, parece que fue solo una tendencia más.
Hoy vemos una regresión silenciosa. Volvemos a feeds donde todas las modelos parecen sacadas del mismo molde. Las marcas independientes, en lugar de liderar el cambio, prefieren importar ropa europea con tallajes irreales y seguir fingiendo que una “L” de 94 cm de cadera es “universal”.
¿Y si miramos hacia Brasil?
Existen marcas brasileñas que diseñan ropa tanto casual como de fiesta pensando en cuerpos reales latinoamericanos. Marcas que entienden la curva de la cadera, el busto más lleno, la proporción distinta entre cintura y espalda. Sus tablas de tallas están ajustadas al cuerpo de mujeres como las nuestras, y no solo piensan en adolescentes de 18 años. También hacen ropa para mujeres de 35-50 años, madres, profesionales, que siguen siendo consumidoras activas de moda.
Ese debería ser nuestro ejemplo. Chile también merece marcas que entiendan a su clientela.
¿Qué queremos encontrar cuando buscamos “ropa plus size Chile”?
Sería increíble que al buscar “ropa plus size Chile”, los resultados incluyeran vestidos de diseño, sastrería contemporánea, moda con identidad. Y no solo leggins, poleras básicas o importaciones de Shein con costuras débiles y tallas mentirosas.
Porque las mujeres que no entran en S-M-L también tienen derecho a vestirse bien. También tienen derecho a verse espectaculares. También tienen derecho a elegir.
¿Qué opinas tú de las tallas en Chile?
¿Dónde se visten tus mamás, tus tías, tus hermanas, tus amigas que no calzan en los moldes de Zara? ¿De verdad vamos a seguir pretendiendo que el cuerpo real no existe?
¿Tienes algo que decir sobre la moda chilena?
Si quieres compartir tu mirada, reflexiones o experiencias, este espacio también es tuyo. Envíanos tu columna a contactodecero0@gmail.com y cuéntanos qué te mueve de la moda hecha en Chile.
