Con el crecimiento del upcycling en la moda independiente y un proyecto de título que terminar, Carolina Latorre crea su marca Alter. La cual, a pesar de ser vista en las calles de Santiago, es originaria de Calbuco, un pueblo de la zona sur de Chile.
Carolina Latorre Olmedo, estudió diseño de vestuario en Temuco, realizando su práctica en Santiago. Sin embargo, decidió quedarse en su ciudad, Calbuco, específicamente en Putenío, donde confecciona sus prendas que luego envía a la capital.
Titulada el 2019, su primer proyecto de título fue rechazado por utilizar materiales reciclados y optar por el upcycling, pero eso no la detuvo. Motivada por los temas de contaminación y reutilización, volvió a su ciudad natal para realizar un taller sobre la contaminación de la mezclilla en el liceo donde estudió.
Esta motivación la inspiró a crear una cápsula de cuatro looks con los jeans que iba recolectando gracias a su taller, con los cuales logró pasar su proyecto de título y dedicarse finalmente a la creación de prendas a base de reutilización. De esta forma, creó una marca propia para poder ejercer, la cual hoy conocemos como Alter, por «alterar».

F: ¿De dónde viene tu principal inspiración al momento de confeccionar?
C: Mi inspiración principal son sin duda mis amigos, pero también viene de fijarme en otro tipo de público. Mirar a gente por la calle, a pesar de que acá en Calbuco tengo pocos referentes, pero a veces llega esa persona que se viste distinto. Por ejemplo, hace poco vi a una chica vestida con un abrigo negro, botas altas y un top de látex, tipo Matrix, y dije: ¡wow! Me impresionó bastante, en especial porque acá son todos muy cerrados con este tema.
Eso es lo que me inspira, lo distinto. Cuando voy a diferentes lugares me fijo mucho en las personas, cómo se visten, cómo se expresan y con qué se sienten cómodas. Por mi lado me gusta pasar lo más piola posible, para poder sapear tranquila.
A veces me pasa que estoy viendo una película de los 2000, veo una prenda que me gusta y pienso en probar el estilo o incorporarla de alguna forma en algunos diseños, siempre manteniendo mi línea de diseño.
F: Teniendo en cuenta que te titulaste un año antes de que comenzara la pandemia por COVID-19, ¿Cómo crees que afectó esto a tu marca y a ti como diseñadora?
C: La pandemia tuvo sus altos y bajos, pero me ayudó mucho. Estuve a punto de hacer clases de talleres en Balmaceda, los que terminaron siendo online, pero muy buenos igualmente. Ahí empecé a hacer clases de corset, al igual que venderlos, y así surgí. Vendía y enseñaba.
De a poco me fui haciendo conocida por redes sociales, incluso recuerdo la primera vez que una influencer me compró una chaqueta, que fue un gran avance para mi marca. Todas esas chicas que consumían ese tipo de producto y lo siguen consumiendo ayudaron mucho, porque muestran tus prendas en sus fotos y la gente se interesa. Como conclusión te puedo decir que la pandemia me ayudó un montón para dar a conocer mi trabajo, sin duda.
Además, al menos en mi caso, me sirvió para conocerme a mí misma y saber qué es lo que realmente me gustaba. Yo creo que también por eso todas las tiendas «explotaron» ahora, porque todos ya se visten como quieren, dejaron de usar tantas tendencias y comenzaron a conocerse a sí mismos.
Las marcas independientes tienen un estilo muy propio, al final son prendas que el diseñador crea porque las usaría. En mi caso es como un alter ego, porque me pasa algo muy curioso, si bien me gustan las prendas que hago y me las pongo, en mi closet puedes contar con una mano la cantidad de prendas que me quedo, pues yo me visto un poco distinto, además siento la necesidad de venderlo todo.

F: ¿Por qué no te quedaste en Santiago luego de hacer la práctica en la capital?
C: Yo hice mi práctica en Santiago con una diseñadora reconocida en Chile y cuando salí me ofrecieron trabajo al tiro, no precisamente con ella pero sí en otros talleres. En ese momento lo primero que pensé fue: «No me voy a quedar en Santiago, hay mucha competencia». Si llevaba todo lo que aprendí a Calbuco, que es un lugar muy pequeño, podía abrir paso a este arte. Así que habilité el primer piso de mi casa y creé una tienda.
Al principio iba bien, tenía la intención de invitar más marcas, pero cuatro meses antes de cumplir los dos años decidí cerrar. Tratar que estas nuevas ideas surjan en un pueblo chico es muy complejo. Si bien había gente interesada, era muy difícil mantenerla. Así que cerré y tuve que pensar en una nueva opción, porque amaba mi marca y no la quería dejar de lado.
Ahí fue cuando me llegó una publicidad de una tienda llamada Feria Libre, en Santiago. Intenté ahí, para ver qué pasaba, y envié mi stock que tenía estancado desde hace meses… ahí todo lo vendí en un mes. Me estaba yendo bien pero un tiempo después Feria Libre tomó la decisión de cerrar, y fue cuando me hablaron de Edición Limitada, donde estoy ahora.
F: ¿Y nunca se te pasó por la cabeza mudarte a una ciudad más grande cuando cerraste tu tienda en Calbuco?
C: Nunca. Todos me decían que me mude a Santiago, en especial después de participar en desfiles que me abrieron puertas, muchas veces me hablaron para participar en stylings o vestir a famosos. Pero no, porque sería seguir centralizando el rubro. Además, Santiago me tenía chata los últimos días de mi práctica, es una ciudad genial pero muy absorbente también.
Es verdad que me ayudaría a ser más conocida y quizás a ganar más, pero la vida allá es muy cara. Prefiero vivir en la paz de mi casa en el campo, con caballos paseando al frente mío, confeccionando tranquilamente. Incluso con el tema de mi inspiración, en la capital las ideas se van mezclando entre marcas y terminan todos haciendo lo mismo.

Actualmente Alter se encuentra disponible para venta en Edición Limitada, una tienda de diseño independiente que fomenta el upcycling y uso de residuos para encontrar un estilo propio y único. Se encuentra de forma presencial en el Drugstore de Providencia.
Su Instagram oficial es @Alter____.
